ChileRecicla: reciclaje de basura tecnológica

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Nadie puede negar que nuestro planeta se encuentra en momentos de crisis debido a la alta cantidad de contaminación generada por las grandes industrias. Pero dentro de esta crisis, aún hay espacios donde las personas pueden encontrar una razón para emprender, y ese es el caso de ChileRecicla.

Francisco Fernández, dueño de ChileRecicla, tomó este importante problema actual y quiso emprender, mientras al mismo tiempo ayudaba al planeta a tener un respiro. “El año 2008 trabajaba en una empresa de recursos humanos y vi en un programa de televisión la forma de reciclar artículos electrónicos y como se recuperaban metales a través de este proceso. Comencé a averiguar sobre los procesos, llamé a una empresa en Santiago que hacia reciclaje electrónico y me dijeron que ellos eran los líderes mundiales y que no había espacio para otra empresa de ese rubro en Chile. Al año 2009, ChileRecicla ya funcionaba como una empresa de reciclado”, indica Francisco.

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La idea nace en Concepción, ciudad de la cual Francisco es oriundo, y recibió ayuda de muchos actores, entre ellos Cidere Biobío, que lo ayudó en temas relacionados al proyecto mismo. “Al poco andar, tuvimos clientes industriales de Concepción, como Cementos Biobío, pero una vez profesionalizado el proceso, nos dimos cuenta que los volúmenes de la ciudad penquista eran pequeños, por lo que intenté atender a las empresas de Santiago, que generan grandes cantidades de basura tecnológica. A fines del año 2009 comencé a trabajar con LG Electronics, con quienes iniciamos un plan de reciclaje potente. Debido a la alta cantidad de material reciclado, decidimos movernos a Chillán, para tener instalaciones más grandes y optimizar los costos logísticos”. Además de trabajar con LG, prestan servicios a empresas como Sony, Xerox y otros.

El complejo escenario

Al comenzar, siempre todo cuadra perfecto: valores, productos, cantidades, etc. Pero a medida que un emprendimiento va haciendo camino y tomando un ritmo mayor, los desafíos comienzan a surgir: “Cuando partimos, el excel cuadraba perfecto: vamos a ganar tanto, vamos a hacer esto, a vender tanto. En el fondo, este negocio consiste en ‘cobrar mucho para recibir’, pero esto funciona en empresas mucho más grandes y que se ubican en sectores estratégicos, como en Santiago, pero para nosotros, no era así. Las industrias están acostumbradas a pagar poco por reciclar. Nuestro primer desafío fue hacer entender a quienes generaban basura electrónica, que era más importante reciclar que botar su basura, y luego, que entendieran que pagando más, podían obtener un beneficio. Cambiar la mentalidad de las empresas es lo que más nos complicó, y lo que nosotros necesitábamos para poder mover nuestra empresa”

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“Con el tiempo, cuando comenzamos a producir mayor volumen, nos dimos cuenta que la importancia radicaba justamente en eso, en el volumen, más que en el precio que se cobraba por el reciclaje, y gracias a eso, nos pudimos percatar que podíamos darle un nuevo enfoque y logramos atender a mayor cantidad de clientes”, explica Francisco.

Su principal actividad es recolectar la basura tecnológica, destruyen los activos estratégicos y rescatan lo que puede reutilizarse. “Nosotros no es que tengamos un televisor y lo revendamos como tal, o vendamos una parte. Reciclamos todo, destruimos todo, recuperamos plástico, metales ferrosos, no ferrosos, circuitos integrados, etc. Si recibimos una pantalla, no la arreglamos y la vendemos como tal, sino que vendemos lo que se puede reutilizar”.

La recuperación de basura electrónica y el salto industrial

En el momento que reciben la basura electrónica, deben hacer el proceso mayor: la separación de materias primas que se pueden reciclar: “Por ejemplo, en el caso de las carcasas plásticas de diversos dispositivos, nosotros las separamos, las ordenamos por color, se enfardan y se venden a China. En el caso de los circuitos integrados, los clasificamos según su categoría, y las enviamos a fundir a Bélgica, para que se puedan recuperar los metales preciosos, ya que en Chile aún no existe esa tecnología. Entonces, recibimos el producto, que puede ser un refrigerador, un computador, etc.; lo destruimos completamente, recuperamos los metales y plásticos, y vendemos lo que sirve.”

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Además del trabajo que realizan al separar los materiales, Francisco tiene una linea dedicada a la fundición de los elementos que logran recuperar, esto es, tratar los materiales y recuperar los comodities para venderlos a diversos destinos. En este aspecto, se logró un salto en la cadena productiva con respecto a lo que hacían en un principio solo con el reciclaje de la basura electrónica. En este contexto, uno de los desafíos más grandes que tuvo al momento de “pegar el salto” se dio en los últimos dos años, cuando comenzaron a trabajar con el fondo de inversión para proyectar su crecimiento: “Hemos tenido que pasar de ser unos ‘desconocidos’ en el ámbito de la gestión como la mayoría de lo emprendedores, a intentar ser una empresa con alto estándar de trabajo, donde todo es administrado por un software, se debe cargar la información, etc. En el fondo, nos ha costado apuntar para crecer y fortalecernos”.

 “Las cosas se pueden hacer. Si un emprendedor tiene una idea o un proyecto, crean en ello. Piensen que desde donde estén pueden hacer negocios con cualquier parte del mundo. Problemas van a tener muchos, pero el éxito no llega solo y hay que esforzarse con totalidad”.

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