Café Años Luz, la máquina del tiempo de Concepción

cafe-anos-luz

Alguna vez el periodista y escritor Francisco Mouat le dijo: “Más allá del café y el pastelito, lo que tú ofreces son sensaciones y emociones”. Antonio Astete Cabezas, fundador del Café Años Luz y coleccionista empedernido, no tuvo más remedio que sorprenderse y alegrarse ante tal afirmación.

Gracias a las innumerables reliquias posadas en cada rincón del local ubicado en Diagonal Pedro Aguirre Cerda #1231 A, Concepción, Antonio construyó un espacio dedicado al recuerdo que se ha mantenido en pie por más de 11 años. Durante este tiempo, lámparas, cuadros, libros, máquinas de escribir, autitos de colección, radios, relojes y otros artilugios de una vida pasada se han entremezclado con el aroma a café y el silencio inquebrantable de algunos lectores.

 

La mejor oportunidad

Sin embargo, la historia de este emprendedor comenzó de manera muy distinta a lo que es hoy en día. A fines de la década de los ochenta, Astete forjó un camino dependiente bajo el alero de nuevas compañías. “Siempre tuve un trabajo muy ascendente en el ámbito de firmas importantes. De hecho, me inicié cuando llegó la telefonía celular a Chile en 1989”, rememoró.

Desde esa fecha, siempre estuvo ligado a áreas administrativas y de marketing, motivo que lo llevó a comandar distintas sucursales y áreas zonales hasta el inicio del nuevo milenio.

Según el hombre de 59 años, en aquel momento se inició la crisis laboral que más tarde originó su actual emprendimiento. “Hubo un boom de reestructuraciones a nivel de empresas que significó eliminar empleados, y en una de esas me fui […] porque a esas alturas para las compañías ya uno es viejo, caro, y tal vez el mismo cargo puede ser desempeñado por otra persona más joven”, recordó.

A partir de esta negativa experiencia, el fundador del Café Años Luz desencadenó sus primeros ánimos emprendedores y se estableció por un breve lapsus de tiempo en Islas Canarias. En este lugar trabajó de forma independiente en una cadena de empresas gastronómicas con la finalidad de promocionar la marca, sin imaginar que con los años levantaría los cimientos de su propio proyecto.

 

Más que un pasatiempo

Luego de volver a Chile, Antonio siguió en la búsqueda de un sustento que apaciguara la crisis vivida recientemente. Por esta razón, no halló mejor opción que dar rienda suelta a un negocio relacionado a su pasatiempo favorito.

“Mi hobby era recuperar artefactos antiguos y hacer lámparas con ellos […] siempre lo tuve, pero sólo para distraerme el fin de semana o después de mi pega”, reveló el emprendedor.

Con los elementos reunidos durante toda una vida y las ganas de generar ingresos, se instaló con una tienda en la avenida Chacabuco para ofrecer al público penquista lo mejor de sus manualidades. No obstante, ante la pequeñez del recinto se vio obligado a trasladarse a la Diagonal Pedro Aguirre Cerda.

Cambió de local pero esta vez el espacio aumentó considerablemente. La gran cantidad de piezas le hizo reconsiderar la misión principal de su iniciativa. “Cuando tuve la tienda de antigüedades  establecí buenas relaciones con los clientes, entonces pensé en la idea de tener un cafecito… ahí replanteé el asunto sin tener experiencia con los cafés”, reconoció.

Influenciado también por su señora, Antonio Astete mezcló ambos ambientes y fundó en 2005 Café Años Luz de manera intuitiva, sin realizar análisis que lo confundieran. “Siempre tuve la certeza de que esto iba a gustar”, aseguró.

 

Bases del reconocimiento

Nunca se encargó de crear propaganda porque dinero para esos asuntos no tenía. Simplemente dejó que su proyecto conquistara de boca en boca el corazón de los clientes, los mismos que actualmente reconocen el valor de su propuesta. “El público nos convenció de que este es un lugar diferente, y cuando lo inicié nunca tuve esa expectativa”, admitió.

Antonio Astete sabe que este punto se alcanzó después de construir a pulso los detalles, de transpirar mientras aserruchaba las tablas en aquellos primeros días, o de ser el primero y el último en ingresar y salir del Café Años Luz.

De acuerdo a sus palabras, el secreto consiste en “poner toda la fuerza, el cansancio, el corazón y el cariño en lo que se está realizando”.

 

Un café patrimonial

Hoy, Antonio reconoce que no tiene mayores pretensiones comerciales porque ni él se considera comerciante. Lo único que desea es seguir tal como está para solventar sus gastos y el sueldo de sus colaboradores.

Lo que sí reconoce es que desearía reforzar su colección de objetos con el propósito de aportar a la cultura. “Más que una meta comercial, me gustaría llevar el café a un nivel de un local patrimonial por lo que se muestra, donde puedan venir los papás con los niños para que aprendan sobre los artefactos”, manifestó.

A pesar del paso del tiempo y los posibles cambios que puedan ocurrir, lo cierto es que el recuerdo seguirá siendo parte importante de la carta del Café Años Luz.