Isla del Cerro: una apuesta gastronómica inspirada en la improvisación del teatro

Isla del Cerro

La primera escena de esta historia comenzó en Cocholgüe, Tomé, lugar elegido por Paola Elgueta y Ricardo Jara para establecer su vida y dejar libre las ideas que a futuro forjarían el restaurante Isla del Cerro, ubicado en calle Lo Pequén #579, cerro La Virgen, Concepción.

Optimistas y llenos de risa, la actriz y el dramaturgo formularon en aquella comuna rica en turismo  diferentes iniciativas. Partieron con las tablas, su pasión, con la finalidad de “desordenar Tomé” y acercar la cultura a los habitantes de esta localidad.

 

Amor al teatro

Mediante la ayuda de un Fondart, la pareja instauró el teatro de una manera innovadora en ciertas locaciones estratégicas a lo largo de toda la comuna. “Recorrimos todas las estaciones de trenes abandonadas para montar una obra en cada una de ellas”, sentenció Paola.

De esta manera, la inédita propuesta cultural contó con la participación de los mismos habitantes. Mujeres y hombres sin estudios profesionales fueron incluidos a la gira organizada por Ricardo y Paola, la cual se desarrolló gratuitamente en 12 terminales obsoletos aledaños.

“Nosotros estuvimos seis meses preparándolos, como una especie de escuela de teatro, y posterior a eso hicimos el montaje, pero primero tuvimos un largo proceso para ayudar a las personas  a enfrentar el escenario”, recordó el dramaturgo.

Luego de ver al público instalado con sus mantitas y cocaví admirando el trabajo de sus propios vecinos, ambos expertos se dieron cuenta del sentimiento que infundió la propuesta y de la necesidad que denotó Tomé por ser incluido dentro y fuera de aquellos proscenios inventados.

 

Isla Cocholgüe del Cerro

Bajo un pensamiento que los asaltó de improvisto como consecuencia de la visita recurrente de sus amigos y a la improvisación diaria que les permitió crear platos originales en su hogar todas las tardes, ambos pusieron sus ahorros para echar a andar un nuevo proyecto luego de bajar el telón de las estaciones.

Según Ricardo, todo nació por la obligación de compartir esas ganas de pasarla bien y al desafío impuesto por sus conocidos, quienes con sus comentarios avivaron la idea de establecer un local gastronómico en la paradisíaca playa.

Hecho esto, la comida tomó un rol estelar en la nueva propuesta de Paola y Ricardo desde el año 2011. “Nos compramos un carrito que mandamos hacer, nos pusimos en la costanera de la caleta chica de Cocholgüe y vendimos sándwiches gourmet de sierra asada. Eso fue un boom porque también musicalizamos toda la playa”, manifestó la actriz.

Día a día generaron un cuento, un sello especial que se consolidó durante 2012 con la inauguración “un poco suicida” del restaurante Isla Cocholgüe del Cerro, recinto que arrendaron a un amigo para instalar la teatralidad en sus paredes mediante la recolección de elementos típicos de la caleta y el ofrecimiento de platos únicos, improvisados cada jornada para mantener la sorpresa a sus comensales.

“Al principio no entraba nadie, pero resistimos y la gente se encantó. Luego se fue dando el boca en boca”, admitió Paola, sobre todo por la inclusión de música en vivo y la oportunidad para crear otro tipo de manifestaciones artísticas en el espacio.

De esta manera, a punta de reservas y un sistema ideado para evitar el uso de cartas de menú, la pareja consagró Isla Cocholgüe del Cerro como un restaurante único en su clase.

 

Isla del Cerro

Con las improvisaciones gastronómicas o “las locuras del chef”, tal como bautizaron a este singular método de preparación de comidas, los emprendedores se cambiaron sin explicación alguna a la ciudad de Concepción con el fin de conquistar nuevos paladares. “Apareció la oportunidad y simplemente la tomamos para ver qué pasa”, sostuvo la actriz.

Se instalaron en lo alto del cerro La Virgen y hace un mes comenzaron con una marcha blanca que diera señales de la factibilidad de la iniciativa. Al ver buenos resultados, por medio de una estrategia “positiva y creativa”, como la definió Ricardo, impusieron su toque singular con la elaboración de creaciones basadas en la cultura tradicional chilena y algunas recetas internacionales, todas hechas gracias sólo a productos frescos.

Esta forma de gastronomía creativa, la cual se niega a ofrecer dos veces el mismo plato, es sin duda el valor agregado que ha mantenido el éxito en los proyectos de la pareja.

 

De vuelta al teatro

No quieren desligarse de su profesión por nada del mundo, y tal vez por este motivo eligieron el actual complejo. Debido al gran tamaño de la nueva instalación, están a días de inaugurar un teatro subterráneo y un salón para exposiciones en el piso superior porque “queremos que Isla del Cerro sea un espacio creativo”, afirmó Ricardo.

“Le damos harto énfasis a la teatralidad. Uno de los garzones es actor y recibe a las personas con su personaje desde que tocan el timbre. Eso sirve para entrar en otra sintonía y romper el hielo”, soltó Paola.

Por esta razón se motivan en seguir llevando a cabo obras de teatro con tiempos gastronómicos, en las que vayan incluidas “las locuras del chef”. Con esto esperan convertirse en un lugar transversal que dé cabida a todo tipo de personas que amen la cultura u otro tipo de expresiones.

Lo anterior los emociona y les motiva a seguir dejando huella con la apuesta del restaurante Isla del Cerro. “Nosotros podemos ser el comienzo de un barrio gastronómico”, aventuró la actriz Paola Elgueta.

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