Lavidadenicol: bocetos de una vida dedicada al arte

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La historia de Lavidadenicol se remonta a aquella época de inocencia a los tres años, cuando entrometerse en la tarea de kínder del hermano mayor era más bien una chiquillada graciosa. Fue ese tiempo en donde Nicol descubrió una pasión, un talento prematuro que incluso figuró asombro en el rostro de sus padres.

“Un día desperté y vi las pinturas de mi hermano en una mesa, y estaba sola. Entonces las tomé y comencé a pintar. Me acuerdo que mis papás la miraron y me dijeron ‘no, no pudiste haberlo hecho tú’”, sentenció la artista al recordar el episodio que brindó las primeras alabanzas de su carrera.

Desde este acontecimiento, el amor por el arte no cesó jamás. A medida que creció, Nicol Sepúlveda llenó sus cuadernos con obras inspiradas en las tías del jardín, familiares y amigos del colegio.

 

Un tema de vocación

Según contó, pudo ser diseñadora gráfica o profesionalizar de otra manera sus capacidades una vez cumplidos los 18. Pero no lo hizo. Sus pinturas y dibujos debieron dar un paso al costado a causa de la presión familiar, la misma que la obligó a estudiar una carrera tradicional antes de dedicarse de lleno a su vocación.

Así, por descarte, eligió cursar Kinesiología en la Universidad de Concepción en 2006 y dedicar su tiempo para ejercer exclusivamente de “kine” en algunos establecimientos de salud de Santa Cruz y Concepción.

Sin embargo, con la misma decisión que traza las líneas de sus creaciones, Nicol fue sincera al revelar que este nunca representó su proyecto de vida, motivo que la hizo quebrar en 2012 parte de la presión familiar y social establecida.

“Ese año que estuve cesante vi sólo pacientes a domicilio, pero aprendí acuarela y hartas técnicas de dibujo y empecé a ver qué cosas debía comprarme… aprendí mucho. No obstante, mis papás veían que no hacía nada, pero según yo estaba realizando mi plan secreto”, admitió Nicol.

 

Primeras líneas del emprendimiento

La ilustradora de los ojos verdes reforzó sus habilidades endemoniadamente. Los dibujos del papel se traspasaron a la web y su talento fue reconocido por famosas blogueras del extranjero y por admiradores de países tan remotos como Australia. Poco a poco la mano zurda de Nicol adquirió la fuerza necesaria para posicionar sus imágenes en el mundo virtual.

“Siempre tuve las señales que me motivaban harto a seguir. Por ejemplo, subía dibujos a Instagram y me compartían las cuentas de arte, entonces mi reacción era ‘¡oh, a la gente le gusta!’”, relató.

Pero no bastaba con este medio, algo más allá había en sus ganas de ilustrar. “Tuve la idea de estampar mis obras, de hacer diseños de algo, pero no sabía cómo, hasta que de repente vi en Facebook una publicación de Sercotec”, manifestó.

Sin más que pensar, la artista decidió fusionar sus labores con el emprendimiento luego de ganar el concurso de dicha institución en agosto de 2014 y fundar su taller de ilustraciones tres meses después.

“Estaba feliz porque sabía qué iba a hacer ese año y los siguientes”, remató aliviada.

 

Lavidadenicol

Actualmente, Lavidadenicol posee más de 59 mil seguidores en Facebook y más de 27 mil en Instagram. Sus ilustraciones hechas para sensibilizar a las personas mediante temas tan comunes como el amor, por ejemplo, son subidas a las páginas oficiales de la artista y plasmadas en los tazones, invitaciones y carcasas de celulares solicitadas a través de todo Chile y el planeta.

Gracias a los pedidos estrepitosos que Nicol realiza en días especiales, su madre, quien en un principio miraba de reojo el cometido de su hija, dio un vuelco en su opinión. “Mi mamá fue viendo que podía hacerlo y cambió su discurso. A veces cuando va gente a la casa yo escucho que está hablando de mí y les dice ‘mi hija dibuja y dibuja precioso’”, contó divertida.

No le gustaría parar de usar sus lápices y plumones porque pretende crear un nuevo producto, una especie de libreta o diario de vida que reúna sus mejores diseños. También desea hacer un libro ilustrativo con el fin de aventurarse en parajes aún desconocidos y, asimismo, estudiar algo relacionado a su trabajo, aunque de acuerdo a sus palabras, esto último lo ve un poco lejano.

 

La batalla con uno mismo

Sin embargo, para Nicol Sepúlveda la edad ha sido un tema tremendo en la decisión de proyectarse. “Ha habido momentos en los que he pensado dejar esto porque todo fue parecido a estudiar una nueva carrera, entonces mi independencia no está al nivel de la que tienen mis amigas, yo voy un poquito más lento, y a veces se siente la presión social”, confesó.

Debido a lo anterior, ella tiene claro que la principal batalla para no caer en el intento de convertirse en una gran ilustradora es la que se lucha con uno mismo. “En ocasiones se tiene súper claro lo que se quiere, pero no se obtienen resultados al tiro, y para eso se necesita mucha paciencia y constancia”, aconsejó.

Por fortuna, Nicol tiene de su lado la mejor arma que un artista podría poseer. “Tengo la suerte de que a la gente le gusta mi trabajo, y me siento súper afortunada”, finalizó la creadora de Lavidadenicol.

Con motivaciones como estas, no hay más remedio que tomar lápiz y papel para dibujar, dibujar y dibujar.

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