La historia del tradicional sabor artesanal hecho por Assuan

marcos assuan

Corría el año 1960 cuando Ramón Marcos, padre y abuelo de los actuales administradores de Assuan, decidió instalar su propio emprendimiento en la ciudad de Penco. De la mano de la antigua heladería Rex, Ramón construyó el legado familiar que hasta el día de hoy sigue dando frutos.

Con el paso de los años, este famoso personaje inculcó a sus hijos el amor por los helados, a tal punto de incentivarlos a crear los negocios que hoy engalanan el centro de Concepción.  Uno de ellos es Assuan, iniciativa fundada por Claudio Marcos Giacaman, propietario del reconocido local de la capital regional.

“Penco era muy chico y, además, allá estaba mi papá”, aseveró Marcos, explicando también que la idea de posicionarse en Concepción era, obviamente, crecer y no ser la competencia de su propio padre.

 

Las primeras ventas de Marcos Giacaman

Claudio Marcos y sus hermanos nunca tuvieron facilidades económicas. Desde pequeños aprendieron a ganarse los pesitos por su propia cuenta. “Mi abuelo no les daba plata, y si querían eso debían ir a vender chupetes a la playa de Penco”, reconoció Claudio Marcos García, hijo del precursor de Assuan.

Ofrecer paletas a los turistas que disfrutaban del verano a orillas del mar fue sólo el inicio de la aventura emprendedora de Claudio. Respaldado por esta experiencia y la tradición heladera de su padre Ramón, partió a Concepción con el fin de concretar sus sueños.

A punta de deudas y préstamos bancarios, Marcos Giacaman inauguró en mayo de 1987 el primer Assuan en la calle Aníbal Pinto #666 de Concepción, a un precio de 130 mil pesos mensuales de la época. “En aquellos años eso nos costaba el arriendo”, reveló el emprendedor.

Hasta 1995 los helados artesanales y las papas fritas fueron sus caballitos de batalla. Luego de aquel año y de la implementación de su segundo local ubicado frente a los Tribunales de Justicia, la pastelería y la panadería pasaron a tomar parte importante en la formación de Assuan.

“Hubo que aumentar los productos porque el invierno se comía las utilidades, por eso pusimos estos servicios”, sostuvo Marcos.

 

El riesgo como fundamento principal

A la fecha, Claudio Marcos Giacaman, en compañía de sus hijos Claudio y Cristian, han inaugurado nueve locales entre Concepción y Coronel. En ellos, más de 250 trabajadores preparan y venden cada día los helados, papas fritas, churros, panes y pasteles tradicionales de la empresa familiar.

No obstante, edificar este anhelo no fue nada sencillo. Según Claudio Marcos García, el riesgo fue un elemento a tomar en cuenta en la estructuración de esta iniciativa. Su argumento se sustentó en la historia de la marca familiar y en el método de su padre para formalizar el emprendimiento. “Él se endeudó para abrir su primer local y así ha sido con los demás”, declaró.

Debido a este motivo, aconsejó que para ejecutar ideas relacionadas a este rubro, siempre “hay que arriesgarse y tener un buen olfato para saber qué negocio es bueno”.

Asimismo, luego de asumir el peligro financiero, el actual subgerente de Assuan expresó que es sumamente relevante poner énfasis en las zonas en las cuales se piensa establecer. Conforme a sus palabras, “las ubicaciones son súper importantes. Nosotros, si bien no llevamos a cabo estudios de mercado muy profundos, sí nos paramos y vemos dónde corre harto público, dónde hay universidades e institutos”.

“Para negocios como estos no es tan significativo el margen del producto, sino que la venta por volumen […] para ello debe haber una gran rotación de personas caminando cerca de los puntos de venta”, añadió.

 

Tradición de calidad

De acuerdo a la familia Marcos, desarrollarse de forma efectiva en la zona implica diferenciarse del resto para no ser víctimas de la competencia, sobre todo en ámbitos relacionados a la calidad y a la cercanía con el público y los trabajadores.

Simplemente, no hay que dejarse estar porque el prestigio no lo es todo, así lo indicó el subgerente de Assuan, quien señaló que su padre en todo momento se ha involucrado en los procesos.

“Siempre ha estado preocupado de la calidad de los productos y de la atención al cliente. Él ve lo que le falta a la gente, a los locales. Además, tener esa cercanía con los trabajadores es importante, a pesar de que ya no es la misma empresa de 15 personas que era antes. Aun así, los trata de conocer y saludar a todos”, sentenció el hijo del emprendedor.

Tal vez, esta política laboral impuesta por Claudio Marcos Giacaman es la que hoy permite ofrecer los mejores helados y papas fritas artesanales solicitadas por los estudiantes, así como pensar en la posible ampliación de la fábrica de Barros Arana, o desear incansablemente su retiro con la idea de dejar la empresa en las manos de sus descendientes.

“Me gustaría construir una casa en el campo para descansar, y para que los hijos aprendan harto y trabajen más y administren lo que ya existe”, remató el dueño de Assuan.

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