A quien madruga Dios lo ayuda: la historia de Casiano Andrade, el emprendedor más célebre de Quirihue

Casiano Andrade Vera

“Fue muy difícil para nosotros”, con esta frase Casiano Andrade recuerda los periplos que tuvo que vivir con su madre y sus tres hermanos luego de la muerte de su padre. De acuerdo a Casiano, a esas alturas,  su familia no poseía ingresos, por lo que la comida escaseó casi siempre.

Sin embargo, gracias a un nuevo compromiso amoroso de su madre, la fortuna decidió renovar sus esperanzas. Una vez establecida la relación, el clan partió hacia Quirihue, la tierra prometida del niño y lugar en el cual amasaría sus proyectos para transformarse en el dueño de Empresas Casiano Andrade Vera.

 

Un arduo inicio

A los 11 años comenzó como vendedor de diarios, luego vendió huevos y finalmente lavó sombreros, todo con el fin de ayudar a sostener la frágil economía del hogar. “Un pobre pasa muchas humillaciones. No tiene lo que quiere tener, no tiene para cuadernos, no tiene para comer, no tiene para nada… entonces para nosotros era muy difícil, pero uno tiene que asumir compromisos personales. Ahí es donde está el desafío que uno se forma”, manifestó Casiano.

La falta de insumos y la precariedad fueron los elementos que permitieron dar arranque a los sueños del emprendedor. Como consecuencia de no haber dejado los estudios a pesar del complicado momento, en 1969  se recibió de técnico agrícola y en 1971 obtuvo un puesto de trabajo en la Corporación de Reforestación (hoy conocida como Conaf).

De allí en adelante las puertas se le abrieron por completo. Luego de abandonar Conaf, Casiano fue administrador general de unas propiedades, las cuales fueron vendidas en 1980.  “Mis jefes vendieron a Forestal Celco y quedé sin trabajo”, rememoró. Pero esta fue una buena noticia.

 

Todo esfuerzo tiene su recompensa

Como gratificación por su gran labor en la plantación de 3.500 hectáreas y en la administración de las propiedades, sus antiguos jefes lo llamaron a Santiago para ofrecerle un aserradero en Quirihue, un tractor, una camioneta, además de un millón de pesos.

De esta manera, la idea de formar su propio negocio llegó después de la pregunta que le hizo un amigo: “Casiano, ¿por qué no se instala usted con el aserradero a comprar trozos?”. Esta interrogante lo condujo a concluir que “un emprendedor no se forma solo. Siempre hay alguien que le orienta algo. Ahí está la capacidad de las personas para aplicar su decisión personal”, y el proyecto vio la luz.

En 1981 tomó las riendas de su compañía forestal para no soltarlas jamás, y poco a poco fue creciendo hasta introducirse en áreas agrícolas, de trasporte e, incluso, comunicacionales. “Si yo tengo mi empresa, ¿cómo voy a publicitar para que la gente sepa que estoy comprando madera, que estoy comprando trozos, que estoy haciendo esto?”, señaló, refiriéndose a la razón por la que fundó radio Conífera, su primer proyecto de radiodifusión en 1992, que antecedió a su homónima Casandra.

Casiano Andrade reconoció que el éxito de sus proyectos se debe, además de “sus terribles ganas de crecer”, a los conocimientos adquiridos durante los años. Conforme a lo expresado por el empresario, en su antigua institución aprendió a formar y mantener equipos de trabajo. “Cumplir a los proveedores, a los trabajadores y a los clientes… ese equipo y esa organización la aprendí cuando trabajé en Conaf”, recalcó.

 

Como el ave Fénix

A pesar del  actual buen momento de su empresa, Casiano trajo a la memoria un hecho negro en su vida. En 1997, año en que falleció su esposa, su querida compañía casi quebró a causa de un millonario robo realizado por un pequeño grupo de colaboradores de confianza. “Me costó mucho levantarme”, reveló. Según su relato, tuvo que vender un gran número de bienes para volver a ponerse de pie. “Por eso no he tenido tiempo para descansar, ni he tenido tiempo para dedicarme a otra cosa… el éxito va depender del tiempo a que uno le dedique a algo”, sentenció.

Por situaciones como esta Casiano ha sabido afrontar las dificultades del negocio y buscar nuevos aires cuando el momento lo amerita. “La persona emprendedora tiene que ir reinvirtiendo platita y no quedarse. Todas esas platas van creando cosas”, declaró.

 

El Farkas de Quirihue

La edad y todos los bienes obtenidos gracias a su ahínco han llevado a Casiano Andrade a olvidar los placeres personales y a preocuparse más por sus vecinos. Hoy, el agrado de ver feliz a su comunidad es algo que lo llena como persona. Es por eso que quiso aportar con un grano de arena, y por la cual, también, es conocido como el “Farkas de Quirihue” por ayudar a distintas familias de la comuna en momentos de apuro, aunque a él no le guste el apodo. Incluso un internado mixto lleva su nombre.

Junto a la Agrupación Campesina, Social, Deportiva y Cultural Ñuble Norte, sector la Raya, construyó una medialuna para el disfrute de todos los pobladores. La obra, según su testimonio, fue hecha para rescatar las tradiciones huasas y aprovechar el terreno.

Pero eso no es todo. Casiano fue más allá y aportó con la reparación del camino público que lleva hacia la medialuna. No obstante, él recuerda con humor una anécdota inaudita vivida con la máxima autoridad de su comuna. “Nunca me imaginé que el alcalde me iba a demandar a vialidad porque arreglé el camino”, finalizó Casiano, sin poder volver a evitar la sorpresa que ese hecho produjo en su vida.

Sin duda, el sacrificio del hombre de campo tuvo sus frutos. Cuatro hijos profesionales y un grupo de empresas estables son la cima de toda una vida de esfuerzo. ¿La receta?, según Casiano Andrade “hay que ser ordenado, proyectarse y ser cumplidor”.